Home > Columnistas > "Francisco Carmona Solís" > Pedaleando por la Vuelta de la Juventud

Siguiendo con la añorada Vuelta de la Juventud, que fue organizada y en sus muchos años, patrocinada por el Instituto Nacional de la Juventud Mexicana, que en tiempos de Silvia Hernández cambió su denominación a CREA, comentamos que durante 10 años, en razón de los cambios de administración por los sexenios gubernamentales, no se realizó, después que el michoacano Rodolfo Vitela, el “Aguila”, ganó la edición 20, en 1973, que había sido la última internacional y dijimos que al reanudarse, en 1983, se decidió que fuese sólo para corredores mexicanos, a manera de “prueba” de que existía calidad y corredores capaces de pelear y ganar la clásica. Raymundo Rincón, jalisciense que representó a Guanajuato, fue el monarca de la edición 21 y en 1984, todavía para nacionales sólo, la edición 22 fue para el poblano Bernardo Cólex, quien representó al equipo de Odilón Rojas.

Y dijimos, fue en 1985, ya comprobado que teníamos corredores de calidad internacionales y capaces de enfrentara visitantes, se volvió a abrir la competencia a extranjeros. Era la edición 23, en 1985 y casualmente fue otro poblano, con el suéter del seleccionado mexicano, el que se coronó: Miguel Mejía, quien llevó al mismo Odilón Rojas como técnico. Todos ellos en esa nueva época de la Vuelta, era especialistas en el terreno montañoso y bien se ha dicho, sólo quienes son hábiles en ese terreno tienen posibilidades de convertirse en monarcas, porque en los recorridos, abunda el terreno ascendente, donde las diferencias se pueden ampliar.

Pero, además, ese no era un fenómeno exclusivo de México. En el mundo, en las “grandes clásicas” por etapas, como son Tour, Giro y Vuelta los monarcas siempre han sido escaladores, con una sola excepción, durante un Giro, cuando los italianos se empeñaron en que su gran figura, Francesco Moser, un pasista y rodador fuera de serie, se convirtiera en rey y cambiaron el recorrido, dejando muy poco terreno ascendente, ampliando la distancia de etapas planas y contra el reloj, donde Moser era prácticamente invencible, porque también era un remachador impresionante.
Y en la Vuelta de la Juventud, podríamos decir que hubo dos excepciones. La primera en la edición de 1986, cuando un militante de los Pumas de la UNAM, Felipe Enríquez, fue llamado para integrar el equipo-selección llamado PRI-México, que sin ser un escalador de primera, pero si un magnífico rodador, apoyado por eso sí, buenos escaladores que lo apoyaron en ese terreno, se convirtió en monarca.
Y hay que decirlo, era el favorito para la edición 25, de 1987, cuando repitió en uno de los tres equipos seleccionados mexicanos y llegó en gran forma. Pero ese año esos tres equipos (un trabuco), fueron encomendados a Odilón Rojas, quien se empeñó en que uno de sus pedalistas favoritos: Bernardo Cólex, se llevara su segundo cetro y no quiso respaldar a Felipe, quien estaba preparado y muy fuerte, como para repetir en el título.

Ese “capricho” de Odilón jugó en su contra. Y fue la segunda excepción, porque resultó que un “modesto” corredor de Jalisco, Salvador Esquivel, sin ser un escalador contundente, ni un pasista nato, tras tomar “casualmente” el liderato, fue apoyado a “morir” por todos los que no eran seleccionados y estaban en contra de Odilón, más que de Cólex y en la etapa final lo respaldaron en forma increíble, para que hiciera la hazaña. En la etapa final, de Cuernavaca a México, Cólex era el super favorito, por su habilidad de escalador. Y así ocurrió, porque al llegar a Tres Marías había revertido las diferencias con Esquivel, pero en el descenso, el tren de persecución para “arrastrar” a Esquivel fue tal, que Chava logró conservar unos segundos a su favor, para quedarse con un cetro que nadie hubiese pensado.

Sin quien nadie lo supiera, la edición 26, de 1988, iba a ser la última de la historia. Y el campeón fue un duro escalador de Tlaxcala,Miguel Arroyo Rosales, quien representó al equipo Rólex-Benotto. Miguel, al igual que la mayoría de monarcas, era invencible en el terreno montañosa y no hubo duda de que merecía la corona,
¿Porqué se acabó la Vuelta?
Bueno, Carlos Salinas de Gortari fue electo Presidente

de México y designó a Raúl González Rodríguez, el ex marchista campeón olímpico, para manejar el Instituto del Deporte y el famoso “Don Galleto” tuvo la feliz ocurrencia de pedirle a Salinas que desapareciera al CREA, para que las instalaciones y personal que ocupaba, en principio, se le concedieran, presupuesto incluido, al INDE, lo que el mandatario aceptó y emitió el decreto en su toma de posesión.

Se acabó así una historia brillante, del INJM y CREA y en particular de la Vuelta, esa que fue cuna de grandes corredores, de un escaparate que provocó que muchos mexicanos fueran llevados a equipos extranjeros. Pero principalmente, acabó con la leyenda del ciclismo mexicano por etapas, porque la Vuelta del INJM cumplió con continuar algo que empezó con la añorada De México en los 50s.

 

SPRINTS
Hay que decir una cosa que fue real: El ciclismo por esas épocas era el deporte más popular del país y todos los medios le dedicaban grandes espacios preferenciales; era impresionante la multitud que se agolpaba en las metas de salida, intermedias, de montaña, de llegadas, etapa por etapa y eran miles los que salían a las carreteras para ver pasar a la caravana multicolor y a sus estrellas…

Pero no se crea que sólo los monarcas llegaban a ser idolatrados, porque hubo corredores que por sus verdaderas hazañas en la ruta, por sus triunfos de etapa, por sus sacrificios en bien de su líder, destacaron enormidades y de muchos de ellos, hablaremos posteriormente… Y de la forma en la que la Vuelta, promocionaba al deporte, para ganar adeptos con frecuencia…

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