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Es profeta en su tierra

Tenia una “espinita” clavada, tras su lote ordinario –de Fernando de la Mora- en el festejo de ayer en el Nuevo Progreso, por ello se animó a regalar un séptimo y resultó su cuarto indulto en Guadalajara.

 

Alfredo Ríos “El Conde” regaló a “Tapatío” de Los Encinos, burel con la presencia necesaria para lidiarse en Guadalajara y que estuvo obediente al capote y muleta del espada local, en la vara no mostró su potencial por el cuidado que tuvo su lidiador para no castigarlo en exceso, y con las banderillas acudió con cierto son que permitió el lucimiento de Ríos.

 

“Tapatio” embistió con nobleza una y otra vez, “El Conde” hilvanó sentidos derechazos, algunos con largueza que gustaron al respetable, Ríos aprovechó el gas de su enemigo y ofreció la faena más variada del festejo.

 

Cuando decidió despachar al de regalo, la mayoría de la concurrencia opinó distinto y de la oscuridad del biombo salió la señal para regresar a “Tapatio” a los corrales. “El Conde” había cuajado ya un histórico cuarto indulto en la difícil plaza de Guadalajara.

 

Morante de la Puebla regresó al Nuevo Progreso para saldar cuentas pendientes, con su segundo logró instantes de mucha solera, su templada muleta se acopló a la embestida de “Venadito”, lamentable su poca fortuna con el acero, incluso escucho dos recados desde las alturas, pero su quehacer alcanzó para reconciliarse con el público de la capital jalisciense que valoró lo hecho por el diestro andaluz.

 

Y Pablo Hermoso de Mendoza, otra vez metió a la gente a la plaza, otra vez deslumbró a propios y extraños con su espeluznante facilidad para torear a caballo, otra vez convirtió en gigantescas muletas de 500 kilos de peso a sus imponentes y educadas cabalgaduras…pero otra vez dejo ir el triunfo con el rejón de muerte que colocó atrasado, sobre todo en su segundo toro con el que pudo haber cortado un apéndice.

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