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La fiesta, en la tribuna

Desde que tomó la pelota y se fue generando el espacio para anotar un soberbio gol, Javier “Chicharito” Hernández despertó al monstruo de mil cabezas que habita el graderío del Memorial Coliseum, sobre todo cuando juega México…y apenas era el minuto catorce del partido ante Ecuador.

Más allá del resultado y de las conclusiones que pudo sacar el técnico Miguel Herrera, la fiesta la confeccionaron los 88,500 aficionados, en clarísima mayoría simpatizantes del tricolor, que dieron vida al mítico escenario deportivo de la Figueroa Street.

Uno a uno, los avances del Tri, fueron acompañados por el impulso de la ruidosa concurrencia que dio rienda suelta al gozo desde la anotación del “Chicharito”, la gente no se guardó nada, renovó el grotesco calificativo al arquero rival en cada despeje, pero la dimensión del grito fue tal, que daban ganas de saber si el siguiente alcanzaría más decibles.

La afición mexicana se divirtió a lo grande, al minuto 72, cuando Jesús Corona atajó el penalty del virtual empate ecuatoriano, el festejo fue idéntico al del gol de Hernández…banderas mexicanas inundaron otra vez la eufórica escena, que muchas veces no se logra con esa intensidad ni en el mismo Estadio Azteca.

Tres minutos más tarde, el sonido local convocó al monstruo tricolor de la gradería a cantar “Cielito Lindo”…aquello fue para recordarlo un buen tiempo, un coro monumental le restregó en la cara a los sudamericanos, aquello de “Canta y no llores…”

El silbatazo final fue el pretexto para ampliar la fiesta al exterior del estadio, se contaron por miles los que buscaron una bebida más, habida cuenta que durante el partido sólo vendieron dos cervezas por persona…la garganta del monstruo tricolor estaba muy seca y aún faltaba mucho por festejar y cantar en la noche del sábado…y empezar a planear el viaje a Kansas City.

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