“El marchista matemático”: Raúl González

19 de Julio de 2017 En Los especiales Por Luis Diaz
“El marchista matemático”: Raúl González

Forjado con orgullo en el rancho de sus abuelos enclavado en China, Nuevo León, Raúl González Rodríguez guarda dos recuerdos de aquella época como un tesoro: el cuidado que debía realizar del rebaño de cabras de su abuelo y las inigualables empanadas de carne que preparaba su abuela.

 

A los 17 años Raúl González se trasladó a Monterrey con el objetivo de estudiar Físico matemáticas en la Universidad Nacional Autónoma de Nuevo León, a la par del estudio apareció una actividad deportiva que con el tiempo representó su pasión, el atletismo y más en específico la marcha. La combinación de ambas actividades le colocó el sobrenombre con el que actualmente se le conoce: “El marchista matemático”.

 

Participante por México en tres ediciones de los Juegos Olímpicos Montreal 76’ Moscú 1980 y Los Ángeles 84 fue en esta última edición en la que Raúl González se bañó de gloria al conquistar la presea dorada en la caminata de 50 kilómetros y de la medalla de plata en los 20 kilómetros, Raúl González, dueño de un abundante bigote negro se convertía así en el orgullo no sólo de su país, sino del entrenador de la selección el polaco Jerzy Hausleber, quien desde el primer instante creyó en las condiciones del muchacho del pequeño poblado de China, Nuevo León para convertirse en un as de la caminata.

 

El día de la conquista de la medalla de oro, Raúl González cuenta que degustó un desayuno campirano, casi a la altura de los preparados por su abuela, calentó dando ocho vueltas a la pista del Coliseo de los Ángeles y se dispuso a participar en una “cruel” prueba de los 50 kilómetros, bajo el intenso verano californiano. Probó las mieles del triunfo, luego de dos eventos olímpicos en los que se fue con las manos vacías.

 

Cantó el himno nacional de México a todo pulmón. Portaba un vistoso sombrero de charro negro, la sonrisa del “marchista matemático” resultó imborrable. Su perseverancia y disciplina al final habían dado resultado. Al entrar al Coliseo Raúl González agradeció el triunfo al cielo con lágrimas en los ojos. El marchista mexicano siempre fue un campesino como le enseñaron sus abuelos, el que siembra en la tierra a pesar de la adversidad.

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