El 10 perfecto: Nadia Comaneci

19 de Julio de 2017 En Los especiales Por Luis Diaz
El 10 perfecto: Nadia Comaneci

Prodigiosa. Siendo prácticamente una niña, a los 14 años pasmó al mundo al abrazar la perfección en la ejecución de su rutina gimnastica en los Juegos Olímpicos de Montreal en 1976. Nadia Comaneci, la niña rumana del fleco y la colita de caballo atada con una cinta blanca ni siquiera se inmutó cuando los jueces levantaron el primer 10 en la historia de la gimnasia olímpica tras apreciar su impecable ejecución en las barras asimétricas, Nadia apenas y alcanzó a mostrar una ligera sonrisa.

 

Ojerosa, de sonrisa contenida, de rostro a veces melancólico Nadia Comaneci transmitía al público que la observaba la emoción que ella no podía reflejar.

 

Con el oro asegurado, había algo en la niña rumana que era sorprendente, su concentración era de hierro.

 

Nada ni nadie era capaz de sacarla de ese estado de perfección en el que se encontraba ese día.

 

El público en el Forum de Montréal se desbarató en aplausos y ovaciones para la pequeña gimnasta con el número 73 plasmado en la espalda.

 

A su retorno a una Rumania envuelta en el socialismo, su vida no dejó de sufrir giros de 360 grados.

 

Convertida en toda una celebridad deportiva se cuenta una historia de tintes casi cinematográficos.

 

El hijo del dictador Nicolae Ceausescu cayó rendido ante la belleza de Nadia, al grado de hacer que hasta la misma policía secreta rumana vigilara cada paso de la campeona olímpica más joven de la historia.

 

La huida de Nadia Comaneci de su país ante la magnitud del acoso resultaba comprensible. Estados Unidos la nación que le brindó asilo.

 

En 1996 Nadia retornó a Rumania para reconciliarse con su pueblo y brindarle una gran alegría, luego de 30 años de oscuridad por la dictadura.

 

Su boda con el también gimnasta, Bart Conner, fue transmitida a nivel nacional a todo el país nada menos que desde el Palacio del Parlamento de Bucarest.

 

La niña impasible quedó inscrita en la historia por los 20 segundos en los que tocó la gloria.

 

Nadia cuenta que aún se da tiempo para practicar algunas rutinas en la soledad del gimnasio que tiene al lado de su marido en Estados Unidos, sólo para recordar aquel día en el que para ella todo resultó perfecto.

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